La noche de la reina del ring, Ingrit Valencia.

Por primera vez, la medallista olímpica y mundial peleaba en casa, en la tierra que la formó, la vio crecer como deportista, como mujer y la apoyó a través del Instituto departamental y la gobernación. Frente a ella estaba la venezolana Yendrimar Maita, rival fuerte y exigente. Desde el primer round, los movimientos de Ingrit fueron la muestra de años de disciplina y coraje, pero también de amor, pues cada golpe llevaba un significado profundo porque estaba peleando en la tierra que la formó, frente a su gente y con una mirada que vio el combate de manera diferente e hizo de esta noche algo para la historia.

De todas las miradas puestas hoy en Ingrit, había una muy especial, la de su hijo Jhojan quien la observaba con el corazón lleno de orgullo, veía cada cruce de golpes con la ansiedad y emoción que solo un hijo puede sentir. Mientras para el resto era la campeona, para él era la mujer que lo inspira a ser el mejor, lo abraza cuando tiene miedo, la que madruga a entrenar sin excusas, la que en casa no se quita los guantes porque su mayor pelea es por él.

Cuando sonó la campana final, el coliseo estalló en aplausos y euforia pues por decisión unánime la esquina roja ganó el combate; Ingrit alzó los brazos y, por un momento, se quedó mirando a su alrededor con el corazón acelerado. Veía rostros llenos de orgullo, lágrimas, sonrisas y gritos que llevaban su nombre. Sintió cómo su pecho se llenaba de emoción al ver a toda su gente de pie, reconociendo no solo a la campeona, sino a la mujer que llena de orgullo todo un departamento. Fue un instante eterno en el que comprendió que esta noche no ganó sola, ganó junto a todos los que la han acompañado en cada caída y en cada victoria de su vida.

Así fue la noche en que Ibagué vio pelear a su campeona, y Jhojan vio pelear a su mamá, la mujer que inspira a toda una región. Una noche que quedará grabada en la memoria de quienes no le fallaron a su mejor deportista y ratificaron que cuando un pijao está en acción, nunca compite solo, lo acompañan los sueños de su familia, el orgullo de su tierra y la certeza de que está destinado a la gloria porque #TodosJugamos

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